Sobre mí
Mi trayectoria profesional se ha ido construyendo a partir de una profunda convicción: que acompañar a una persona significa, ante todo, mirarla, escucharla y comprenderla en toda su dimensión.
A lo largo de los años he ido diversificando mi perfil profesional en dos grandes líneas de trabajo. Dos caminos dirigidos a etapas diferentes de la vida, pero unidos por una misma manera de entender el acompañamiento: desde el respeto, la empatía, la sensibilidad y la confianza en las capacidades de transformación de cada persona…
Dos caminos, una misma forma de acompañar...
Acompañamiento terapéutico de mujeres adultas
Una de mis principales líneas de trabajo es el acompañamiento terapéutico de mujeres adultas, especialmente en aquellos momentos de la vida en los que podemos sentirnos desbordadas, perdidas, heridas o desconectadas de nuestras propias necesidades.
Mi propósito es facilitar a cada mujer recursos personales que le permitan construir una vida más tranquila, segura y satisfactoria.
No siempre podemos alcanzar la vida que imaginamos plenamente feliz, pero sí podemos aprender a vivir de una manera más tranquila, consciente y saludable, reconociendo nuestras necesidades, estableciendo límites y recuperando espacios propios.
Por eso, una parte esencial de mi trabajo consiste en favorecer la activación de los mecanismos de autocuidado y autoprotección, ayudando a identificar aquello que necesitamos, aquello que nos hace daño y aquello que podemos hacer para protegernos y cuidarnos.
Esta línea profesional no nació únicamente de mi formación académica. También nació de un proceso personal como mujer. Mi propia experiencia me llevó a comprender que muchas mujeres aprendemos a cuidar, sostener, comprender y atender a las demás personas antes de aprender a escucharnos a nosotras mismas.
Aprendemos a estar disponibles, a resolver, a sostener emocionalmente a quienes nos rodean y, en ocasiones, a anteponer sus necesidades a las nuestras. Y podemos llegar a interiorizar que cuidarnos es un acto de egoísmo, que poner límites puede hacer daño a quienes queremos o que expresar nuestras propias necesidades significa dejar de ser buenas, responsables o afectuosas.
Con el tiempo, este aprendizaje puede llevarnos a normalizar el cansancio, silenciar nuestras necesidades, sentir culpa cuando nos priorizamos, tener dificultades para decir “no” y desconectarnos de aquello que realmente sentimos o necesitamos.
También puede hacer que lleguemos a ocuparnos tanto de proteger y cuidar a otras personas que olvidemos algo esencial: nosotras también necesitamos cuidado y protección.
Comprender esto y sufrir las consecuencias sobre mi propia salud física, mental y emocional, supuso para mí un proceso de transformación personal. Me permitió mirar de otra manera muchas de las exigencias que había interiorizado y descubrir que protegernos, no significa dejar de cuidar a quienes queremos, significa aprender a hacerlo sin abandonarnos a nosotras mismas en el proceso y que el autocuidado no es un lujo, ni un acto de egoísmo, sino una forma de respeto hacia mí misma... Aun estoy en ello, no es fácil pero si imprescindible seguir en este camino.
De esta experiencia personal, nace mi necesidad profesional de acompañar a otras mujeres. Mi objetivo no es enseñarles a ser más fuertes para seguir soportándolo todo, sino ayudarlas a reconocer sus necesidades, recuperar sus recursos personales, establecer límites, activar sus mecanismos de autocuidado y autoprotección y construir relaciones y formas de vida en las que ellas también tengan un lugar.
Además del acompañamiento terapéutico individual, soy facilitadora de Círculos de Mujeres, espacios grupales concebidos para favorecer el sentimiento de pertenencia, la sororidad y el apoyo mutuo. Son espacios seguros de encuentro donde compartir experiencias, expresar lo que sentimos y ser escuchadas sin juicios, desde el respeto y la empatía.
Un lugar para descubrir que no estamos solas, que nuestras experiencias pueden ser compartidas y que, cuando nos acompañamos entre mujeres, el vínculo también puede convertirse en una fuente de cuidado, fortaleza y transformación.
Porque no siempre podemos cambiar todas las circunstancias de nuestra vida… Pero sí podemos aprender a habitarla en la medida de lo posible, de una manera diferente.
Atención psicoterapéutica y psicopedagógica a infancia y adolescencia
Mi segundo camino profesional está dirigido a la infancia y la adolescencia, desde la atención psicoterapéutica y psicopedagógica.
Este ámbito también tiene una raíz profundamente personal. Ser madre y acompañar a mi hija durante su crecimiento, me llevó a plantearme muchas preguntas sobre cómo educar y criar de una manera diferente: con respeto, con conciencia y desde una expresión libre, sincera y afectuosa de mi amor por ella. Mi hija, que hoy ya es una mujer adulta, también ha formado parte de ese aprendizaje.
A través de la experiencia de la maternidad fui comprendiendo que acompañar el desarrollo de una persona requiere mucho más que transmitir conocimientos. Requiere presencia, vínculo, límites seguros, comprensión y la capacidad de mirar a la niña, niño o adolescente como una persona en proceso de construcción y no como alguien que simplemente debe adaptarse a las expectativas de las personas adultas de referencia.
Desde esta perspectiva, mi trabajo con infancia y adolescencia busca acompañar tanto las dificultades emocionales como las relacionadas con el aprendizaje y el desarrollo, teniendo siempre presente a la persona que hay detrás de la conducta, de las dificultades escolares o de aquello que nos preocupa en el desarrollo de nuestras hijas e hijos.
Una metodología vivencial desde la Pedagogía de la Ternura
Mi metodología de trabajo es fundamentalmente vivencial. No entiendo el acompañamiento como un proceso basado únicamente en hablar sobre lo que nos ocurre o adquirir conocimientos. Lo entiendo como una experiencia en la que la persona pueda sentir, comprender, experimentar y descubrir nuevas formas de relacionarse consigo misma y con otras personas.
Mi manera de trabajar se inspira en la Pedagogía de la Ternura, un enfoque que propone el afecto, la empatía y la sensibilidad como motores principales de transformación vital.
Para mí, la ternura no significa fragilidad ni ausencia de límites. Significa relacionarnos desde el respeto, la presencia y el reconocimiento de la dignidad de cada persona. Creo que podemos transformar muchas cosas cuando encontramos un espacio en el que no necesitamos defendernos, justificarnos ni demostrar nada. Un espacio donde podamos sentir sin ser juzgadas/os, expresar sin miedo, comprender sin culpabilizarnos y aprender a cuidarnos sin renunciar a quienes somos. Por eso, en mis procesos de acompañamiento, el vínculo, la escucha y la seguridad emocional ocupan un lugar esencial.
La transformación no siempre comienza cuando entendemos intelectualmente lo que nos ocurre. A veces comienza cuando, por primera vez, nos sentimos verdaderamente escuchadas/os y tratadas/os con ternura.
Dos etapas de la vida, una misma mirada
Mujeres adultas, niñas, niños y adolescentes pueden encontrarse en momentos vitales muy diferentes. Sin embargo, existe algo que considero común a todos ellos:
Necesitamos sentirnos escuchadas/os, comprendidas/os, respetadas/os y seguras/os para poder desarrollarnos.
Por eso, aunque mis dos líneas profesionales se dirigen a poblaciones diferentes, ambas parten de una misma convicción: cuando una persona dispone de un espacio seguro y de los recursos adecuados, puede comenzar a comprenderse de otra manera y descubrir posibilidades que quizá permanecían ocultas.
Mi función como facilitadora de estos procesos de vida, no es decidir por la persona ni decirle cómo debe vivir. Es acompañar, escuchar, aportar herramientas y favorecer que pueda encontrar sus propias respuestas.
Pedagogía y Psicología: una mirada que continúa creciendo
Mi formación como Pedagoga constituye una parte fundamental de mi identidad profesional, contando con el respaldo como colegiada de Colegio Oficial de Pedagogía y Psicopedagogía de Valencia, . Mi especialización de postgrado en Psicología Aplicada a la Educación y Bienestar Social y otras formaciones formales en materia de Psicología Humanista, Mediación Sociofamiliar, Animación Sociocultural, Igualdad, Prevención y Tratamiento de las Violencias hacia la Mujer, me ha permitido profundizar en la comprensión de los procesos psicológicos, educativos y sociales que influyen en nuestro desarrollo a lo largo de la vida.
Entiendo la formación profesional como un proceso permanente. Por eso creo en la necesidad de continuar aprendiendo, revisando mis propias certezas y ampliando mi mirada del mundo, de la vida y de la persona.
Porque acompañar a otras personas también exige seguir creciendo como profesional y como ser humano.
Este espacio nace para acompañarte también desde aquí
Este blog surge con la intención de crear un espacio en el que podamos poner palabras a aquello que a veces resulta difícil comprender.
Aquí encontrarás contenidos relacionados con la pedagogía, psicología, las emociones, las relaciones, el desarrollo personal y diferentes situaciones que pueden formar parte de nuestras vidas.
No encontrarás recetas universales ni respuestas rápidas. Encontrarás reflexión, divulgación y herramientas desde una mirada no solo profesional, sino también cercana y respetuosa con la complejidad de cada persona.
Porque comprender lo que nos ocurre puede ser el primer paso para comenzar a transformarlo...
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